¿Se regenera realmente la piel tras una lesión? Una guía científica y práctica
A menudo son las cosas más importantes las que damos por sentadas, y con una reflexión apreciativa, nuestra piel es bastante increíble. El "traje de cumpleaños” que está diseñado para durar toda la vida: nos protege de un mundo duro y a menudo hostil, y de alguna manera se las arregla para soportar todos los daños que sufrimos. Pero ¿realmente nuestra piel es capaz de regenerarse, o las cicatrices no son más que recordatorios de acontecimientos vitales y accidentes, como manchas de boloñesa salpicadas sobre una camisa limpia y recién estrenada?
En este artículo examinaremos la biología que subyace a la curación de la piel tras una lesión y lo que podemos hacer para favorecer este fascinante proceso. Apoyándonos en estudios y pruebas científicas, así como en consejos prácticos para el cuidado de heridas, aprenderemos de lo que es capaz realmente nuestra piel y cómo podemos apoyar mejor un mecanismo regenerativo tan asombroso.
Comprender el proceso de regeneración natural de la piel
Cada vez que nuestra piel sufre una herida, ya sea por cortes, rasguños, quemaduras, caídas o una intervención quirúrgica, se produce una fascinante y compleja saga biológica de restauración. Pero antes de que caigamos en la tentación de sentarnos, poner los pies en alto y contemplar el espectáculo, la regeneración óptima de la piel no consiste sólo en "dejar que el tiempo haga lo suyo".
Aparte del proceso celular bien coordinado de nuestro cuerpo, en el que intervienen proteínas, vasos sanguíneos y mucho trabajo en equipo unificado entre bastidores, también hay muchas cosas que podemos hacer para ayudar en el proceso de curación y reducir los riesgos de complicaciones futuras. Desglosemos el proceso paso a paso.
Las cuatro fases de la cicatrización de heridas
- Fase de hemostasia: es la reacción biológica inmediata a una herida. En cuanto la piel se lesiona y empieza a sangrar, el organismo se pone manos a la obra para coagular la sangre creando fibrina insoluble (una proteína que actúa como una especie de adhesivo sanguíneo), formando un tapón (o costra) sobre la lesión[1].
- Fase inflamatoria: Esta segunda fase comienza a los pocos minutos de la lesión, actuando de forma similar a los servicios de emergencia que llegan al lugar de un accidente. La sangre fresca aporta nutrientes y oxígeno, junto con neutrófilos y macrófagos (glóbulos blancos)[2] , que colaboran en la respuesta inmunitaria, limpiando la zona lesionada y reduciendo así el riesgo de infección.
- Fase de proliferación: Una vez que la herida se ha limpiado de forma segura, los glóbulos rojos se ponen manos a la obra, reconstruyendo la zona de la herida. Los fibroblastos (poéticamente descritos como "los coreógrafos celulares de la cicatrización de heridas"[3] ) se multiplican rápidamente, produciendo colágeno[4] , la proteína clave que constituye el andamiaje de nuestra nueva piel. Al mismo tiempo, empiezan a construirse nuevos vasos sanguíneos (un proceso conocido como angiogénesis). Por último, los queratinocitos (células epidérmicas productoras de queratina) se desplazan para cerrar con seguridad la herida, desempeñando un papel fundamental para detener la infección y restaurar la integridad de la barrera más externa de la piel[5].
- Fase de remodelación: Esta fase final puede durar meses o incluso hasta 2 años[6] , dependiendo del tamaño, la gravedad y la profundidad de la herida. El colágeno que se ha ido acumulando se reorganiza en fibras más duras y densamente dispuestas, reforzando la resistencia a la tracción del nuevo tejido cicatricial .[7]
¿Sabías que...? Los fetos en desarrollo tienen la capacidad casi sobrehumana de curar ciertas heridas sin dejar cicatriz alguna. Este fenómeno se sigue investigando con la esperanza de adaptar este proceso a los adultos para la regeneración de la piel sin cicatrices[8].
Heridas superficiales frente a profundas: Una gran diferencia
Las heridas superficiales, como los cortes poco profundos, las abrasiones o las quemaduras leves, sólo afectan a la epidermis, la capa más externa de nuestra piel. Dado que las estructuras más profundas, como los folículos pilosos, el colágeno, los vasos sanguíneos y el tejido, permanecen intactas, normalmente nuestro organismo es capaz de regenerar la piel por completo, sin dejar cicatrices a largo plazo.
Las heridas más graves, en cambio, se extienden más profundamente en la dermis o incluso más allá. Estas heridas pueden dañar tejidos, destruir capilares, nervios, tendones o incluso músculos, y a menudo, requieren procesos de remodelación más complejos. Por eso tienden a curarse con cicatrices visibles, y la probabilidad de que esto ocurra aumenta si la herida es muy extensa, se infecta o permanece bajo tensión durante la cicatrización.
¿Puede la regeneración cutánea restaurar la calidad original?
Aunque nos gustaría que así fuera, por ahora la respuesta es no: la regeneración cutánea no consigue restaurar al 100 % la calidad original de la piel. Aun así, con unos buenos primeros auxilios y unos cuidados posteriores bien planteados, podemos mejorar mucho el resultado final.
Nuestro cuerpo está diseñado de forma impresionante para “parchear”, proteger y regenerar tras una lesión, pero la piel nueva nunca es una copia exacta de la piel sana previa. De hecho, la resistencia a la tracción del tejido cicatricial recién formado solo llega aproximadamente al 80 % de la de la piel original no lesionada[9].
Diferencias entre el tejido cicatricial y la piel original
Cuando la piel se regenera tras una lesión profunda, el tejido que reemplaza la zona dañada no es idéntico al original. A diferencia de la piel sana, el tejido cicatricial suele presentar:
- Menos glándulas sudoríparas y folículos pilosos (a veces pueden volver a crecer algunos, pero en menor cantidad).
- Menos elasticidad y flexibilidad, lo que puede traducirse en rigidez, reducción del movimiento, incomodidad e incluso dolor, sobre todo si la cicatriz se encuentra cerca de una articulación.
- Menor resistencia y una textura diferente, lo que hace que la zona pueda abrirse o desgarrarse con más facilidad y sea más vulnerable a nuevos daños[10].
Por eso, cuando la herida se cierra y el tejido se ha reformado, la nueva piel puede notarse más tirante, más gruesa, menos móvil y, en ocasiones, con cambios de color o algo elevada. Para evitar una decoloración innecesaria, es fundamental proteger tanto la herida como la cicatriz de la exposición excesiva y sin protección a los rayos UV[11].
Además, las diferencias en el tipo y la cantidad de colágeno producido durante la cicatrización pueden dar lugar a cicatrices elevadas, como las cicatrices hipertróficas (que se mantienen dentro del área de la herida) y las cicatrices queloides (que crecen y se extienden más allá del lugar original de la lesión)[12].
¿Sabías que...?
Las cicatrices queloides aparecen con más frecuencia entre los 10 y los 30 años, y son especialmente habituales en etapas de cambios hormonales intensos, como la pubertad o el embarazo. Curiosamente, en algunas personas pueden mejorar o incluso reducirse durante la menopausia[13].
Hábitos y cuidados en casa para regenerar la piel tras una herida
Nuestro estilo de vida diario influye enormemente en cómo cicatriza la piel. Más allá del tratamiento médico, hay gestos sencillos que podemos incorporar en casa para darle a la piel la mejor oportunidad de regenerarse de forma ordenada y con menos marcas visibles:
- Limpiar metódicamente la herida y mantenerla protegida: Empieza limpiando cuidadosamente la zona de la herida con un jabón suave o una solución salina. Seca con suaves toques, sin frotar, y aplica después un tratamiento antiséptico que mantenga el entorno lo más protegido posible. Esto reduce de forma significativa el riesgo de infección, que puede retrasar la cicatrización, aumentar la inflamación y favorecer cicatrices más marcadas.
- Protección solar: Proteger la herida en proceso de cicatrización de la exposición al sol, que puede oscurecer o empeorar su aspecto. Un protector solar de buena calidad y factor elevado o ropa que proteja del sol, incluso en días nublados, puede marcar una gran diferencia en el aspecto general de las cicatrices a largo plazo.
- Aplicar medicamentos cicatrizantes con regularidad: Al tratar heridas formadas por roces, cortes, abrasiones y quemaduras leves, medicamentos cicatrizantes como los apósitos impregnados de Linitul* o la pomada cicatrizante pueden ser un buen complemento de nuestra rutina de cuidado de heridas. Combinan la acción antiséptica del bálsamo del Perú, que favorece la microcirculación cutánea, con la acción emoliente y cicatrizante del aceite de ricino.
Una vez que la herida se ha cerrado por completo, para que la regeneración sea lo más eficaz posible, es importante continuar con los cuidados cosméticos posteriores a la cicatriz para mejorar el tono, la elasticidad y el aspecto general de nuestra piel. Durante esta etapa crítica y, a menudo, ignorada, Linirepair* ofrece una fórmula 4 en 1 única y revolucionaria, diseñada específicamente para regenerar, proteger, calmar y mejorar el aspecto de las cicatrices.
Su composición incluye D-pantenol, aceite de rosa mosqueta, aceite de ricino, ácido hialurónico y Olivan Cicapure[14] , ingredientes reconocidos por sus propiedades hidratantes, emolientes y reparadoras, que pueden ayudar a restaurar la barrera cutánea y prevenir la hiperpigmentación postinflamatoria.
Es fundamental comprender las distintas fases de la cicatrización y acompañar todo el proceso con medidas de primeros auxilios rápidas y seguras. Si además combinamos un cuidado atento de la herida con el uso de tratamientos tópicos como Linirepair*, podemos marcar una diferencia real, ayudando a que la piel se regenere y recupere un aspecto más suave, flexible y saludable.
*Linitul es un medicamento de venta libre disponible en farmacias.
** Linirepair es un cosmético de venta libre disponible en farmacias.
Preguntas frecuentes sobre la regeneración y cicatrización de la piel
¿Qué determina que una herida deje cicatriz?
Principalmente influyen el tamaño, la profundidad y la localización de la lesión, así como la calidad del tratamiento de la herida durante todo el proceso de cicatrización.
¿Es posible regenerar completamente la piel a su estado original, sin daños?
En heridas muy superficiales que solo afectan a la epidermis, la piel puede curarse sin dejar cicatrices visibles. Sin embargo, en lesiones más profundas y graves, el tejido cicatricial solo llega aproximadamente al 80 % de la resistencia de la piel original no dañada.
¿Cuál es la principal diferencia entre las cicatrices hipertróficas y las cicatrices queloides?
Aunque ambas pueden verse elevadas por una producción anómala de colágeno, las cicatrices hipertróficas se mantienen dentro de los límites de la herida original, mientras que las cicatrices queloides crecen y se extienden más allá de esa zona.
[1]Chapin, J. C., & Hajjar, K. A. (2014). Fibrinolysis and the control of blood coagulation. Blood Reviews, 29(1), 17–24. https://doi.org/10.1016/j.blre.2014.09.003
[2]Koh, T. J., & DiPietro, L. A. (2011). Inflammation and wound healing: the role of the macrophage. Expert Reviews in Molecular Medicine, 13, e23. https://doi.org/10.1017/s1462399411001943
[3]Knoedler, S., Broichhausen, S., Guo, R., et al. (2023). Fibroblasts – the cellular choreographers of wound healing. Frontiers in Immunology, 14, 1233800. https://doi.org/10.3389/fimmu.2023.1233800
[4]Mathew-Steiner, S. S., Roy, S., & Sen, C. K. (2021). Collagen in wound healing. Bioengineering, 8(5), 63. https://doi.org/10.3390/bioengineering8050063
[5]Piipponen, M., Li, D., & Landén, N. X. (2020). The immune functions of keratinocytes in skin wound healing. International Journal of Molecular Sciences, 21(22), 8790. https://doi.org/10.3390/ijms21228790
[6]Jones, N. (2010). Scar tissue. Current Opinion in Otolaryngology & Head & Neck Surgery, 18(4), 261–265. https://doi.org/10.1097/moo.0b013e32833b5180
[7]Iftikhar, N., MD. (2025). What to expect during the 4 stages of wound healing. Healthline. https://www.healthline.com/health/skin/stages-of-wound-healing#stages-of-wound-healing (Recuperado en Nov. 25)
[8]Lorenz, H. P. (2003). Fetal wound healing. Frontiers in Bioscience, 8(6), s1240-1248. https://doi.org/10.2741/1183
[9]Hosseini, M., Brown, J., Khosrotehrani, K., et al. (2022). Skin biomechanics: a potential therapeutic intervention target to reduce scarring. Burns & Trauma, 10, tkac036. https://doi.org/10.1093/burnst/tkac036
[10]Corr, D. T., & Hart, D. A. (2013). Biomechanics of scar tissue and uninjured skin. Advances in Wound Care, 2(2), 37–43. https://doi.org/10.1089/wound.2011.0321
[11]Maddodi, N., Jayanthy, A., & Setaluri, V. (2012). Shining light on skin pigmentation: the darker and the brighter side of effects of UV radiation†. Photochemistry and Photobiology, 88(5), 1075–1082. https://doi.org/10.1111/j.1751-1097.2012.01138.x
[12]Carswell, L., & Borger, J. (2023). Hypertrophic scarring keloids. StatPearls - NCBI Bookshelf. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/books/NBK537058/
[13]Kim, H., Hwang, S., Lim, K., et al. (2013). Recurrent Auricular Keloids during Pregnancy. Archives of Plastic Surgery, 40(01), 70–72. https://doi.org/10.5999/aps.2013.40.1.70
[14]Hernández-Vásquez, A., Visconti-Lopez, F. J., Cabanillas-Ramirez, C., et al. (2022). Efficacy and Safety of topical application of olive oil for Preventing pressure ulcers: A Systematic Review and Meta-Analysis of Randomized Controlled Trials. International Journal of Environmental Research and Public Health, 19(22), 14921. https://doi.org/10.3390/ijerph192214921